Una mala alimentación con nutrientes de baja calidad, el stress,
la falta de ejercicio, son costumbres e influencias de nuestra
época que provocan desarreglos en nuestro aparato digestivo. Los
desechos prácticamente incrustados en las paredes del colon o
intestino grueso impiden aún mas su funcionamiento normal.
El estreñimiento es solo una de sus
consecuencias. Más de la mitad de la población mundial padece de
este problema.
Los desechos que deben ser evacuados
se fijan en el intestino grueso durante un espacio de tiempo
largo. Estos se toxifican, se pudren y fermentan, siendo
absorbidos de nuevo por el organismo, y en ese proceso se
produce el autoenvenenamiento del cuerpo y la autointoxicación.
Los medicamentos y laxantes, cada vez
más fuertes, tienen un efecto destructivo de las mucosas del
intestino.
Las consecuencias de todo esto son
pérdida de vitalidad, cansancio, depresiones, falta de
concentración, agresividad y estados de ansiedad.
Infecciones, reuma, afecciones
cutáneas, migrañas, alergias, hipertensión, envejecimientos
prematuros, y muchas otras enfermedades se atribuyen a un mal
funcionamiento del intestino.
"La muerte se esconde en el
intestino", nos advierte un antiguo proverbio de cruda
actualidad en nuestra época. En un intestino sano deben, por
tanto, sentarse las bases de un cuerpo sano.